KARLA GUINEA

Reciclando emociones

Todos recogemos la basura en nuestras casas; algunos ya tenemos la cultura de separarla en diferentes contenedores para que esta pueda ser reutilizada nuevamente. Lo que buscamos con esta acción es evitar una mayor contaminación en nuestro planeta, combatir el calentamiento global, generar menos residuos; en pocas palabras, cuidar nuestra casa llamada Tierra. Todo esto es muy importante para nuestro presente, pero aún más para nuestro futuro como raza humana.
 
Hacer conciencia de esto es solo un preámbulo para relacionarlo con lo que realmente quiero enfocarme el día de hoy. Existe otro tipo de basura que también requiere de nuestra atención y, si queremos ayudar al planeta y a nuestro entorno, debemos primero centrarnos en lo siguiente, “la basura emocional”. Como siempre les digo, hagamos preguntas: ¿Cuál es este tipo de basura? ¿En dónde se encuentra? ¿La puedo reciclar? ¿Se reutiliza igual que la basura física? ¿Dónde se tira? ¿Hay algún camión de basura que la recoja?
 
Somos seres humanos con un cuerpo físico (un vehículo); tenemos muchos pensamientos, emociones y sentimientos durante toda la vida. ¿Tú sabes qué pasa con estos? ¿En dónde se guardan? ¿En dónde están? ¿Están todos en mi cabeza? ¿Hay algún contenedor especial para cada uno? El cuerpo físico los va acumulando y guardando, por decirlo de alguna manera, en archivos energéticos que después pasan a nuestras células y a nuestros órganos; llegando alteran su funcionamiento ya sea positiva o negativamente. Cuando estos son negativos van contaminando poco a poco, nos vamos llenando de basura, y los que son positivos alimentan esa “chispa divina” en nuestro interior. Yo quisiera preguntarles: ¿Por qué si nos preocupamos por la basura en casa, no nos preocupamos por la basura del cuerpo? ¡El cuerpo es nuestro templo! Preocupémonos por aquello que nos hace daño, lo que nos produce enfermedades, accidentes o situaciones de dolor y sufrimiento.
 
Existe también otro tipo de basura que atraemos o cargamos, ¡la de los demás! ¿Cómo es esto? Esto sucede cuando platicamos con alguien y absorbemos todos sus desechos y los hacemos propios, y estos también nos contaminan. Les pregunto: ¿acaso recogemos la basura de la casa de al lado? No, ¿verdad? No es nuestra responsabilidad. Así como solo recogemos la basura en nuestra casa, debemos únicamente hacernos cargo de la basura propia, no de la de los demás.
 
¿Cómo nos sucede esto? Simple y sencillamente escuchamos comentarios negativos y pensamos que nosotros también debemos sentir y pensar igual. Este tipo de basura es la más negativa. Asimismo escuchar a alguien hablar mal de otra persona y permitirlo es lo peor que podemos hacer porque, además, en muchas ocasiones ni siquiera conocemos a la persona en cuestión, y entonces hacemos juicios falsos, pues recordemos que siempre hay dos versiones en una situación, y cada persona tiene la suya. Además, nosotros, como externos, no debemos enjuiciar, no debemos —reitero— permitir ni siquiera que se hable mal de alguien frente a nosotros.
 
Pero, ¿de dónde proviene la basura negativa? Todo emana de enojos, celos, envidia, coraje, tristeza, frustraciones, rencores, carencias, etc. pasa con las emociones. Acumulamos emociones y las guardamos. El cuerpo es como un recipiente que guarda todo. Sin embargo, consideremos: ¿Qué pasaría si este sistema de reciclaje de la basura en casa lo aplicáramos también en nosotros, es decir, en nuestro cuerpo, nuestras emociones, sentimientos y pensamientos?
 
Si partimos de la base que todo es energía, entonces, las emociones, pensamientos y sentimientos son biodegradables. Nos aportan energía y pueden transformarse como la basura orgánica.
 
 
Analicemos: ¿qué pasa en nuestro cuerpo cuando nos enojamos? ¡Nos calentamos!, sentimos que nos hierve la sangre, hasta roja se pone la cara… ¿cierto? Igual que el planeta con el calentamiento global, debido a tanta contaminación, nuestro cuerpo se contamina de emociones negativas.
 
El cuerpo es como una foto celda en la que se almacena energía; toda la basura emocional afecta nuestro sistema inmunitario, y cuando realizamos un reciclaje emocional, conectamos con todas las emociones positivas: con la felicidad, el amor, la alegría, entre otros. Esto, como consecuencia natural, hace que el cuerpo esté libre de residuos tóxicos.
 
Concluyamos, entonces, que el 99 % de nuestra basura emocional es re-ci-cla-ble. Si damos este paso de transformación de energía estamos reusando, reduciendo, recuperando y rechazando todo lo que nos hace daño. Así pues, démosle una vida nueva a nuestras emociones, cuidemos de este vehículo que se nos proporcionó, como almas que somos, para vivir en la Tierra; hagamos que nuestra salud física, emocional y mental sea óptima en todos aspectos. Sin duda el reciclaje emocional hará la diferencia para tener una mejor calidad de vida.
kguinea
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Karla Guinea es guía de conciencia y transformación. Acompaña a personas que sienten que están viviendo un despertar y necesitan entender qué hay detrás de lo que les pasa: los patrones que se repiten, las emociones que insisten, las señales que no saben leer.

Su trabajo parte de una idea simple y poderosa: nada de lo que vives es casualidad. A través de la Kabbalah, el lenguaje simbólico, los números y el lenguaje del cuerpo, ayuda a descifrar el sentido profundo de cada experiencia y a convertir el caos en claridad, el sufrimiento en conciencia y la confusión en propósito.

No ofrece respuestas prefabricadas ni espiritualidad de adorno. Ofrece comprensión real, aterrizada y humana, para que cada quien aprenda a leer el lenguaje de su propia vida.

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