KARLA GUINEA

El Elemento Luz en la Pareja

Cuando llegamos a este mundo, nuestro comité de bienvenida fueron nuestros padres.  Ahí comenzaron nuestras interacciones con los demás.  La consanguinidad o “la sangre” como comúnmente decimos, representa la parte más básica de nuestra existencia, nos indica de dónde venimos y hacia dónde vamos. Representa también el deseo original por la Luz que tenemos como almas. 
 
Nuestros padres  fueron la  primera elección antes de nacer; los escogimos de acuerdo a lo que queríamos y debíamos trabajar para completar nuestra misión y cumplir el propósito de nuestra alma. A lo largo del camino nos enseñan muchas cosas, y nos vamos relacionando con más  personas. 
 
Cada uno de nosotros vivimos ciertas circunstancias dentro de nuestra familia, y lo más interesante es que aun cuando existen varios hermanos dentro de este mismo núcleo se viven diferentes experiencias. Cada uno vive, siente y aprende según su propia realidad. A los que tenemos hermanos reconocemos la experiencia de haber vivido bajo el mismo techo, con los mismos padres, pero haber tenido una infancia muy distinta.
 
Vivimos de acuerdo a nuestras limitantes, a los retos y desafíos que venimos a trabajar. Por lo tanto la relación con los padres es el modelo de nuestras relaciones subsecuentes, es el medio para corregirnos como almas. Y además,  ¿sabías que en la manera en la que nos relacionamos con los demás es el modo en el que somos evaluados por el Creador? 
 
No olvidemos, pues, este aspecto muy importante para entender nuestra interacción sobre todo con la pareja. ¿Cuál aspecto? El hecho de que nuestras vidas estarán determinadas por la relación que tuvimos con nuestros padres.
 
Si queremos seguir creyendo que no existe una conexión directa entre nuestra relación de pareja con la de nuestros padres, es decisión propia, pero te aseguro que al final del día encontrarás esa conexión porque la Luz lo revelará para tu evolución. Si quieres descubrir esa conexión, te pido continúes leyendo.
 
Estamos conscientes que el ser humano es el que rige el mundo, somos la raza pensante, un elemento activo dentro de este gran Universo. Somos cocreadores de nuestra vida. En cuanto a nuestros desafíos, invariablemente habrá una o varias personas involucradas; es por eso que la conexión entre personas es uno de nuestros retos en este mundo. Debemos entender que venimos a cambiar y a transformarnos, y para lograr esto, las relaciones son las que nos asisten: son la herramienta primordial para lograr nuestro objetivo y ciertamente una herramienta, no un fin.
 
¿Te has preguntado por qué ha tenido tanta fama el Facebook y todas las redes sociales? ¿Qué se están manifestando realmente aquí? La comunicación, el deseo de cercanía, el deseo de expresarnos, el deseo de existir en los ojos de los otros, de tener un mayor conexión con los demás… 
 
Sin embargo, la relación principal en nuestra vida es nuestra pareja o esposo/a; es la que más debemos cuidar y procurar. Nuestros hijos siempre serán nuestros hijos; nuestros padres siempre serán nuestros padres; pero la pareja no siempre será mi pareja si no la cuido. Y una de las maneras para entender qué está sucediendo o cuál es el mecanismo en mi relación es ir a la “semilla” de nuestro núcleo familiar. 
 
Tenemos un concepto completamente erróneo de lo que es una pareja y el rol que cada uno de  los componentes desempeña. Ciertamente la idea de pareja que algunas personas tienen —y que me gustaría que los jóvenes evitarán—  es el modelo de Hollywood: “Te casas y eres feliz por siempre”. Esto es como en un cuento de hadas,  y cuántos de nosotros crecimos con esa noción. El otro día me preguntaban si me acordaba haber tenido una conversación con mis padres o con la familia con respecto al matrimonio, a lo que significa una pareja y como debía yo elegir a mi esposo. Después de escarbar en mi memoria, recuerdo que me decían que me fijará en la familia. Por supuesto que eso hice… y en mi primer matrimonio ¡me case con un primo!, pero no resultó. Esperaba el cuento de hadas, basado sólo en mis  necesidades, mis carencias y mis miedos.
Pero, analicemos ahora cuáles son las etapas dentro una relación.
 
Primero conoces a ese alguien que de primera instancia consideras especial y comienzas a construir la relación. Se hacen amigos. Observas algunos aspectos físicos que te agradan, percibes que ambos sienten algo más que una mera amistad. Después entra el intelecto, observas que te entiende y te sientes cómodo con esa persona. Las emociones comienzan a  escalar, y entras en la etapa del enamoramiento. La atracción física se da por añadidura en esta etapa. Pero falta un elemento primordial que pocas veces buscamos: “la Luz”, aquello que verdaderamente nos va a hacer ser mejores personas para completar nuestra misión. 
 
Cuando iniciemos una relación,  el objetivo nunca debe ser considerado a la luz de nuestro ego. ¿Qué significa esto?  Esto es, buscar una relación por un motivo personal, tal como salirme de casa de mis padres,  salirse a vivir fuera y no querer estar solo,  o las exigencias de la sociedad por la edad que se tiene, o incluso por atracción física y miedo a perderlo…  o por infinidad de otras razones que podríamos considerar válidas. Sin embargo, cuando este elemento, “La Luz”, se manifiesta, nuestra relación será para transformarnos y evolucionar. No nos confundamos y pensemos: “La Luz trajo este amor a mi vida y así tenía que ser”.  El tipo de relaciones enlistadas aquí tienen fecha de caducidad ¡SIEMPRE!  Recuerden que existe el libre albedrío y nosotros pudimos haber conectado en algún momento con la Luz. 
 
Las relaciones con este elemento especial, con la Luz, son las que la vida nos trae, las menos atractivas y las más valiosas. Todos tenemos siempre una relación pendiente, una a la que nos resistimos, pasa enfrente de nosotros y no la vemos, dejándola pasar porque creemos que no hay atracción o que no es lo que se busca. Cabe aclarar que este elemento existe en la relación con nuestros padres desde siempre, por el simple hecho de lo que representan en nuestra vida.
 
No debemos buscar el amor, el amor llega. Yehuda Berg dice en su libro Reglas Espirituales de las Relaciones: “Encontrar nuestra alma gemela es el deseo innato de todas las personas que habitan el planeta. Es el camino hacia la verdadera plenitud, el destino de cada hombre y cada mujer en este mundo. Y si nuestra alma gemela no aparece en esta vida, aparecerá en la próxima…”.
 
 
Es muy curioso encontrar los temas que venimos a trabajar en esta vida en nuestra relación de pareja. Observa tu interacción y hazte las siguientes preguntas: ¿Cuál es el desafío en esta relación? ¿Cuál es la dificultad? ¿Cuál es el la cuestión recurrente en la que nos enfrascamos? ¿Cuál es la energía? ¿Qué sentimientos se provocan en mí con esta relación? Pon un nombre a cada una de éstas; pueden ser aceptación, carencia, abandono, etc.
 
Mi intención al hacerles estas preguntas es que hagan conciencia de que ese bloqueo o bloqueos emanan de ustedes mismos. Dejen de ser las víctimas,  el objetivo es ser capaces de mirar lo que hemos creado nosotros mismos, a partir de nuestra propia historia personal.
 
Si quieres encontrar a tu alma gemela primero tienes que encontrar qué lo bloquea, cual es la semilla (de tu pasado) que está evitando que tú entres en la vibración de tu verdadera pareja.
 
También deberás entender cuál es el rol de una mujer y el de un hombre, porque cuando dos personas revelan Luz a través de una relación, esa Luz se esparce no sólo en tu vida sino en el Universo. Obtendrás continuidad, Luz, crecimiento y futuro. 
 
Así pues, no bases tu relación en lo que vas a obtener a cambio, porque si lo haces tu relación tendrá fecha de caducidad. Si ya te encuentras en una relación, cosecha en ella el elemento de la Luz con un propósito y un valor. Comparte con tu pareja objetivos, proyectos, ideales y busca la afinidad entre ambos.
 
Edición y corrección de estilo: Lydia Flores Acuña
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Karla Guinea es guía de conciencia y transformación. Acompaña a personas que sienten que están viviendo un despertar y necesitan entender qué hay detrás de lo que les pasa: los patrones que se repiten, las emociones que insisten, las señales que no saben leer.

Su trabajo parte de una idea simple y poderosa: nada de lo que vives es casualidad. A través de la Kabbalah, el lenguaje simbólico, los números y el lenguaje del cuerpo, ayuda a descifrar el sentido profundo de cada experiencia y a convertir el caos en claridad, el sufrimiento en conciencia y la confusión en propósito.

No ofrece respuestas prefabricadas ni espiritualidad de adorno. Ofrece comprensión real, aterrizada y humana, para que cada quien aprenda a leer el lenguaje de su propia vida.

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